Del patio de casa. En algún momento deberé escribir un largo ensayo de agradecimiento a mi lugar en el mundo que me deja vivir a 15 minutos de mis clientes, pero que aún me hace disfrutar de sus calles de tierra. Sólo por el pequeño precio de soportar algunas ráfagas de viento, puedo disfrutar de largas salidas y ocasos de sol, acompañar a mis hijos a la escuela y que ellos me acompañen a descubrir los alrededores.
Hoy después de pasear por la costanera en bicicleta, mi adorado, cínico y cruel hijo, tomó a su padre y las llaves del auto (en realidad fue al revés) y partimos a cazar imágenes, aprovechando una tarde de esas que son raras en esta época del año.
Supongo que más tarde o en el fin de semana las subirá, porque por lo que he visto hay un par que realmente valen la pena.
